lunes, junio 25, 2012

Presentación de "Bajo el dominio del Río Negro"

Tal y como informamos hace unos días, en esta misma página,
(http://www.comunidadleonesaes.blogspot.com.es/2012/06/presentacion-de-libro-bajo-el-dominio.html), el pasado 15 de Junio, presentamos en la Librería Artemis de León el libro "BAJO EL DOMINIO DEL RÍO NEGRO. Mirada interior de una naturalista" de la autora carbayesa Concha López Llamas.

Se trata de un libro muy interesante por su temática y de amena y agradable lectura y por si todavía no lo conociérais, os dejamos el texto de la presentación que, sin duda, os animará a adquirirlo y leerlo "del tirón". ¡No lo lamentareis!

Presentación en León, 15 de Junio de 2012

Buenas tardes a tod@s, en nombre de ComunidadLeonesa.ES, organizadora del acto, y en el mío propio, quiero agradecerles su asistencia a la presentación de “Bajo el dominio del Río Negro. Mirada interior de una naturalista”, libro que sin duda encontrarán interesante por lo que les animamos a comprarlo si todavía no lo han hecho. Al final del acto la autora estará encantada de dedicarles los ejemplares que deseen.

En primer lugar les voy a presentar a mi compañero en la Mesa y luego les hablaré sobre la autora, cómo nos conocimos y lo que, en mi opinión, representa esta obra:

El Dr. Manuel Durruti Cubría, que hablará a continuación, es de sobra conocido, tanto por la familia a que pertenece, como por su propia trayectoria personal. Licenciado en Ciencias Químicas y Naturales por la Universidad de Madrid y Doctor en Bioquímica por la Universidad de Heidelberg en Alemania, desarrolló en dicho país toda su carrera profesional, regresando a León tras su jubilación y habiendo hecho de su preocupación por el medio ambiente y su devoción por la naturaleza y las plantas, su principal ocupación, en una vida activa que le mantiene joven y atento a cuanto sucede a nuestro alrededor.

Es un espíritu libre que no debe nada ni a las administraciones ni a los políticos por lo que sus juicios son honestos y no se ven influenciados por intereses espúreos. Lo considero un buen amigo pero puedo asegurarles que al hablar de él y de sus actuaciones no me ciega la amistad. Estoy segura de que Uds. mismos apreciarán cuanto digo en su intervención.

Y ahora voy a hablarles de la autora, Concha López Llamas, licenciada en Biología y de su obra “Bajo el dominio del Río Negro” un binomio, autora y libro que, en estos momentos, es para mí, indisoluble.

Conocí a Concha hace unos años en Peque, pequeño pueblo zamorano en La Carbayeda, comarca que lleva en su nombre la sonoridad de la lengua leonesa y la conocí luchando ya que, tanto ella, como yo, como un sinnúmero de personas, algunas de las cuales nos acompañan hoy, peleábamos por evitar la instalación en Peque de un cementerio nuclear, que hubiera arruinado no solo a dicho pueblo sino a toda la contorna en la que se encuentra, entre otros, Santa Eulalia del Río Negro, el pueblo protagonista de este libro y en el que Concha pasaba los veranos. Sería prolijo detallar en este momento aquellas actuaciones, que ya se encuentran recogidas en el propio libro, pero no puedo dejar de resaltar que en aquella ocasión fueron León y Salamanca las únicas provincias, de esta autonomía que padecemos, las que se aprestaron a defender a Zamora y a pelear codo con codo contra la injusticia. ¿Curioso, verdad? O, tal vez ¿perfectamente explicable?

En la contraportada del libro, podemos leer que Concha es madrileña pero Concha, como tantos y tantos leoneses, aunque nació en Madrid, hija del exilio económico que se cebó en nuestras tierras durante el pasado siglo, tiene raíces, firmes y vigorosas, en Zamora, en La Carbayeda, en Santa Eulalia del Río Negro. Concha ha vivido toda su vida, y continúa haciéndolo, “Bajo el dominio del Río Negro”.

Siempre he mantenido que uno es del lugar al que pertenecen su sangre y su corazón pero, además, creo firmemente que hay lugares que nos eligen para ser “nuestro pueblo” y ante dicha elección, que se apodera de nosotros, nada pueden las razones de una nacencia no elegida.

De la misma manera que nadie duda de que Juan Pardo es gallego pese a haber nacido en Mallorca, José María Merino es leonés, pese a haber nacido en La Coruña o Antonio Gala es cordobés, pese a haber nacido en Ciudad Real, no creo que nadie que lea este libro pueda dudar de que Concha es zamorana pese a haber nacido en Madrid.

Y entroncando con dichas raíces zamoranas, en el glosario que hay al final del libro, encontrarán la explicación de unas cuantas palabras, explicación necesaria en otras latitudes, pero innecesaria para la mayoría de los leoneses puesto que, aún sin saberlo, seguimos manteniendo en nuestro discurso diario, innumerables palabras y expresiones leonesas, encontrándose en el libro alguna más de las que aparecen en el glosario, hasta tal punto las tenemos asimiladas en nuestro hablar cotidiano.

Nos encontramos ante un libro sencillo, al ser autobiográfico, pero complejo, al tratar sobre sentimientos muy profundos, una obra costumbrista e intimista, un recuerdo y una búsqueda de las raíces y la identidad, un intento de retornar a esa patria que llevamos todos en nuestro interior y que es nuestra infancia y a aquellos recuerdos que contribuyeron a modelarnos tal y como somos. Y con el regreso a esas raíces, a ese paisaje, la autora trata de rehacer su vida, de volver a tomar el control de la misma, en resumen, de renacer gracias a unos recuerdos y a ese totem que para ella representan el pueblo, cada uno de los rincones del bosque y, sobre todo, el Río Negro.

Y también nos hallamos ante el grito desesperado de quien ve cómo, incesantemente, se trata de cambiar la naturaleza para explotarla sin duelo y sin preocupación por el mañana, cómo no se educa a las futuras generaciones en el respeto hacia la madre tierra, cómo se olvida que no somos propietarios de la tierra sino, simplemente, unos usufructuarios que debemos conservarla y mantenerla en “perfecto estado de revista” para transmitirla a nuestros descendientes.

Leyendo cuanto aparece en el libro referido a la infancia, a los veranos en el pueblo, a la magia que se encerraba en los relatos, en las faenas del campo, que casi siempre, por prudencia, nos estaban negadas “a los niños de ciudad”, sentí revivir los veranos de mi infancia, y los de tantos y tantos hijos y nietos de la emigración y también un pasado reciente y un modo de vida que, por desgracia, ya no conocerán en todo su esplendor nuestros hijos y nietos.

Concha, es bióloga de profesión y vocación, pero sin duda, dicha vocación hubiera sido mucho menos fuerte en ella sin esos veranos zamoranos, de la misma manera que todo este libro estaba en su interior pero es muy posible que no hubiera visto la luz sin la conjunción de la pérdida de su madre y la aparición de una enfermedad que la llevó al límite de sus fuerzas, obligándole a retirarse de su puesto de profesora en el Instituto María Zambrano.

También la enseñanza está en la identidad de Concha y al verse obligada a dejar esa faceta de enseñar a sus alumnos a conocer y respetar la naturaleza, la escritura nace de ella como consecuencia lógica en un intento de enseñar a un público, mucho más amplio que el de sus alumnos de secundaria, ese mismo conocimiento y respeto.

Este libro es también una llamada de atención sobre todas las catástrofes que ese gran depredador, el hombre, está provocando con su ignorancia y su desmedido afán de riqueza inmediata, su impaciencia, su orgullo y su vanidad.

Pero que nadie piense que es un alegato contra el progreso, todo lo contrario, es una llamada al sentido común si bien, llegados a este punto no puedo evitar recordar a la madre Cecilia, una religiosa que fue mi profesora de historia y latín en el País Vasco pero que, como buena leonesa de Tejerina, estaba cargada de sentido común.

Hace “taitantos” años, la madre Cecilia me dijo: “Alicia, nunca olvides que el sentido común es el menos común de los sentidos”. Atesoré la frase de mi profesora más querida, lo mismo que atesoraba las de mi abuela Trinidad, pero tengo que reconocer que nunca conseguí comprender la magnitud de su significado hasta que no vi la “alegría” y despreocupación con que el hombre destruye la tierra e hipoteca el futuro de las generaciones venideras.

Se puede y debe progresar pero siendo respetuosos con el entorno. Lo mismo que a las personas, el tiempo va modificando la tierra, haciéndola evolucionar, porque eso representa la vida, una evolución pero si no somos capaces de conservar lo bueno y mejorar lo malo o lo menos bueno, solo lograremos la destrucción y ésta no significa progreso sino muerte.

Siguiendo el libro, vemos que la vida de Concha se desarrolla, sobre todo, en el pueblo al que están ligados sus más preciosos recuerdos y descubrimientos, mientras que Madrid, la gran ciudad, es el contrapunto a su exploración y su rebeldía, el interludio entre los sucesivos veranos. El lugar en que las historias “del pueblo” contadas por su abuelo le hacen anhelar con impaciencia la llegada de otro verano en el que volverá a sentirse arropada por su numerosa familia y por los paisajes familiares y añorados. El lugar por el que discurre el Río Negro, amante y amado, fuente de vida y auténtico motor de su recuperación y del inicio de otra etapa de su existencia en la que seguir luchando por sus ideas, por la tierra y por la auténtica defensa del medio ambiente.

Para terminar, con una nota de optimismo, voy a leeros una carta que, hace casi siete años se publicó en diversos medios de comunicación de las tres provincias leonesas, fruto de la reflexión de una niña de 13 años. Si con la escasa educación medioambiental que se imparte en este país, se consiguen estas reflexiones, creo que todavía podemos mantener la esperanza:

¿Qué futuro nos espera?

La tierra: ¿qué es la tierra? Como todos sabemos es el planeta en el que vivimos los seres "humanos", los animales y las plantas.

¿Por qué esta reflexión? Porque me doy cuenta de que la tierra se está deteriorando más cada día, debido a la sobreexplotación de sus recursos. Las grandes empresas papeleras y madereras talan árboles con más pena que gloria, las fábricas echan sus vertidos tóxicos a los ríos, se realizan trasvases para regar campos de golf y los grupos activistas por la defensa de la naturaleza son tachados de locos o de algo peor.

Personalmente me gusta mucho "GAIA" del grupo "Mago de Oz" en el que, entre otras cosas, hablan de la destrucción del medio ambiente. Me encanta la frase que dice: "Yo soy Gaia, la madre naturaleza, y todo el mal que me hagas, te lo devolveré".

Esa frase es muy cierta, ya que si talamos los bosques no podremos respirar aire puro, si los ríos y mares se contaminan no podremos consumir agua, ni para uso doméstico ni para regar los campos, ni comer peces o mariscos y todo esto, por supuesto, nos perjudica.

Para finalizar quiero plantear otras preguntas ¿Por qué los grandes mandatarios hacen caso omiso de las reivindicaciones? ¿Por dinero? ¿O porque la gente les importa solo cuando hay elecciones y el resto del tiempo pasan olímpicamente de sus peticiones?

Las respuestas, amigos míos, las dejo a vuestro criterio.

Reflexiones de una adolescente (Trinidad 13 años)